El tren bioceánico Perú – Brasil: Intereses Nacionales involucrados

Hace unos años surgió la idea de un ferrocarril bioceánico sudamericano que cruce desde el Atlántico, en Brasil, hasta el Pacífico, en el Perú. La idea despertó mucho entusiasmo dadas las múltiples posibilidades que abría una conexión ferroviaria que conectara los dos océanos de América.

A todas luces este proyecto sonaba potencialmente interesante, pero representaba un gran costo económico -aproximadamente US$10.000 millones-  que claramente ni Perú ni Brasil podrían asumir en el mediano plazo. Es así que el interés por el proyecto se exportó a otros continentes y principalmente China y Alemania le han puesto el ojo. Ambos países han ofrecido su cooperación para la construcción de este ferrocarril y las negociaciones han ido avanzando paulatinamente.

Ante esta situación es necesario preguntarnos: ¿el mundo es color de rosa? Por más extraño que suene, ¿realmente le conviene a Perú un tren que cruce de la costa pacífica a la atlántica? A opinión personal plantearé de manera muy breve los principales argumentos a favor y en contra que podrían ayudarnos a tener una aproximación de este proyecto con una visión de los intereses nacionales involucrados.

Si hablamos de los argumentos a favor, debemos considerar en primer lugar la importancia geopolítica que nos confiere la salida brasileña al pacífico por costas peruanas. Claramente este paso obligado nos podría posicionar como un hub internacional viendo la proyección de Brasil a la región Asia-Pacifico.

En segundo lugar, en términos económico-comerciales, se puede señalar que el tren bioceánico genera posibilidades para potencialmente aumentar la presencia de productos peruanos en el mercado brasileño, lo cual implica que los tiempos de transporte de carga podrían reducirse considerablemente entre Perú y Brasil.

En tercer lugar, debemos considerar los beneficios que este proyecto traería al desarrollo de la infraestructura vial junto con los beneficios directos e indirectos con los que gozarían las localidades por las que atraviese el tren.

Por último, en cuarto lugar, el tren nos ofrece una salida al mercado africano, mercado que si bien es inhóspito para nosotros puede ser aprovechado de mejor manera en el futuro.

Sin embargo no todo lo que brilla es oro. Por eso considero que hay argumentos en contra que debemos considerar. En primer lugar, debemos detenernos a analizar a profundidad la relevancia para el Perú de contar con una salida al Atlántico. Si este interés se plantea en términos de reducir el tiempo de traslado a Europa, se debe decir que revisando la ruta comercial vía Panamá a Europa versus una salida por el Puerto de Santos en Brasil, el tiempo de traslado a Europa es más prolongado en esta última. Esto afectaría directamente la competitividad internacional del Perú como país exportador.

En segundo lugar, si miramos a África, actualmente tenemos un intercambio comercial sumamente bajo con este continente que asciende aproximadamente a US$ 236 millones al 2015, lo cual representa el 7.8% de las exportaciones peruanas. Mientas se mantenga un intercambio comercial tan bajo con la región mencionada no se considera prioritario contar con un nuevo acceso a dicha región.

En tercer lugar, se debe determinar claramente las fuentes de financiamiento del proyecto. Se sabe que el costo de inversión aproximado será de US$ 10 mil millones pero aún no se ha determinado cómo será cubierta dicha inversión ni las alternativas que proponen los países interesados. Se ha hablado mucho en términos de cooperación, pero como sabemos “there ain’t no such thing as a free lunch”.  Con el objetivo de evitar compromisos que impliquen deudas a largo plazo, será necesario puntualizar las modalidades o concesiones que se otorgarían en dicho proyecto, sea con cooperación China o Alemana.

Por último, en cuarto lugar se debe tener en cuenta los costos colaterales en términos ambientales y sociales que representa este proyecto. Según la ruta definida se tendría que cruzar por 42 km. de una comunidad indígena en territorio nacional. Asimismo tendría que cruzarse por diferentes zonas protegidas afectando la flora y fauna de las mismas. En una época de lucha contra el cambio climático este hecho no nos deja bien parados internacionalmente.

A manera de conclusión me gustaría hacer un llamado a la cordura y pensar fríamente las cosas. Me vuelvo a preguntar ¿realmente nos conviene este tren? Se me ocurren muchas alternativas al mismo, comenzando con el debido aprovechamiento de la inutilizada carretera interoceánica. En mi opinión, este tren representa una posibilidad para China y Brasil de acercar sus mercados dejando a Perú como un intermediario geográfico necesario. Las ganancias que obtendríamos de este proyecto son aún muy marginales. Sin duda este es un tema que dará mucho que hablar. Las negociaciones siguen y ya veremos los resultados.

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Acerca de jcpomareda

Estudiante de la Academia Diplomática del Perú, Licenciado en Ciencia Política y Gobierno, con mención en Relaciones Internacionales, por la Pontificia Universidad Católica del Perú.
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